“Es lo que lees cuando no tienes que hacerlo,
lo que determina lo que serás”.
Oscar Wilde 

En primer lugar, es necesario tener claro que la lectura es un proceso que la persona realiza por sí misma con la intención de analizar la información, adquirir conocimiento nuevo, compararlo y estructurarlo con el existente (SEP, 2010).

También se considera un proceso constructivo donde el lector establece una relación con el texto y al momento de procesarlo adquiere un significado para él, de acuerdo con los conocimientos que ya posea (Gutiérrez y Montes de Oca, 2002).

            Todo docente tiene que reconocer la gran relevancia de enseñar esta habilidad, puesto que la lectura:

  • Es la base para el aprendizaje permanente donde se busca, selecciona y analiza la información (SEP, 2011)
  • Permite crear la capacidad de juicio (SEP, 2010). 
  • Favorece la capacidad de atención, observación y concentración (SEP, 2010). 
  • Tener una participación en el mundo, a pesar de los cambios que tenga (Gutiérrez, 2005).
  • Ayuda a desarrollar el razonamiento crítico, constructivo y analítico (Ruíz, 2003)
  • Es un camino hacia el conocimiento y el crecimiento personal (Ramírez, 2011).

Un factor determinante en la lectura y de cualquier otra habilidad es la motivación, pero, ¿qué es la motivación en el proceso educativo? Navarrete (2009) indica que es el interés que muestra una persona por su propio aprendizaje, es decir el deseo por aprender; por lo que es un factor que está presente en todo proceso. Este autor distingue dos tipos de motivación: (1) intrínseca, que se refiere a los procesos internos por realizar algo que causan una satisfacción personal; y (2) extrínseca, que consiste en brindar incentivos externos (recompensas y/o castigos) que provocan realizar una tarea en particular (Herrera, 2008).

Además, se consideran tres momentos de motivación en el aula:

  • Antes. Se espera despertar la curiosidad para enfrentar las actividades y detectar los conocimientos previos de los alumnos como punto de partida.
  • Durante. Llevar a cabo diferentes estrategias de aprendizaje y utilizar experiencias relacionadas a sus intereses personales o a su contexto.
  • Después. Mediante la evaluación brindar una retroalimentación de la actividad, mencionando mensajes positivos para aumentar la confianza de los alumnos (Herrera, 2008).

La motivación es el punto de partida para todo aprendizaje, especialmente si se comparte entre el docente y el alumno, el primero en el aspecto de motivar con su enseñanza a los estudiantes y estos últimos en mantener el interés por aprender (Baracho, 2010). Para crear interés por la lectura en los niños, el maestro debe diseñar situaciones que motiven su entusiasmo por leer y así crear lectores por voluntad propia y no como una exigencia del sistema educativo.

También es preciso disponer de un ambiente estimulante dentro del aula donde el alumno descubra la lectura como una actividad placentera donde desarrolle sus capacidades individuales y sociales al interactuar la lectura con sus compañeros. Esto provoca que los niños adquieran el hábito de lectura y lo puedan llevar a cabo fuera del aula como una actividad recreativa (Fernández, s/f).

Asimismo, Vygotsky, en su teoría de la Zona de Desarrollo Próximo, hace referencia a la enseñanza o capacitación de un individuo por otro más competente respecto a las diferentes habilidades, en esta situación en particular de la lectura sería las relacionadas al manejo del lenguaje (Vielma y Salas, 2000). Por lo que se necesita ver una motivación por los dos individuos para que la Zona de Desarrollo Próximo funcione con éxito y para eso los docentes debemos buscar las estrategias adecuadas para implementar con nuestro grupo sin olvidar que entre más involucrado esté el alumno y maneje material didáctico más oportunidad tiene de lograr el aprendizaje. 

Mtra. Maybé Gorethy Santos Garza
Docente de educación primaria y
catedrática en la Escuela Normal Pablo Livas