“El alma está en el cerebro”.
Eduard Punset 

La neuroplasticidad o plasticidad neuronal, siempre ha sido un tema que me ha gustado y me apasiona hablar de él. A muchas personas les puede parecer un tema aburrido y muy científico. Sin embargo, lo bello de la neuroplasticidad, es que se da todos los días de nuestra vida y en cualquier situación. Una de las razones por las que más me gusta es porque tiene que ver con otras dos cosas que amo: el idioma inglés y la comida. ¿Y cómo están estos dos elementos relacionados a la nueroplasticidad? Bueno, pues como primer punto tenemos a las neuronas, las cuales están en nuestro cerebro, y el cerebro, es el centro de todo nuestro funcionamiento.  Al cerebro hay que ejercitarlo y alimentarlo, de la misma manera y con la misma importancia con la que ejercitamos y alimentamos nuestro cuerpo.

Y para hacer este escrito un poco más sencillo y agradable, lo describiré de la siguiente manera: Nuestras neuronas son como un árbol. Tienen raíces, tronco y ramas. Vamos a visualizar todas nuestras neuronas como un gran bosque. Las raíces de los árboles reciben los nutrientes de la tierra, de la misma manera que nuestras neuronas reciben la información que entra a través de nuestros sentidos o a través de neurotransmisores (transmisores de información que juegan un papel importantísimo). Los nutrientes viajan por el tronco que en nuestra neurona se llama axón, la ramificación más prolongada de cada neurona. Y las dendritas se extienden como ramas de árboles que al unirse con otras dendritas forman un gran bosque. Vamos a visualizarlo de la siguiente manera: ¿Qué pasaría si tuviéramos que cruzar un bosque por encima de los árboles? Mientras más cercanía tengan las ramas unas de otras, cruzaremos el bosque con más facilidad. Sin embargo, si las ramas están muy distantes, tendríamos más complicaciones para cruzar el bosque por encima de los árboles. Así mismo funcionan nuestras neuronas, mientras más desarrollo dendrítico haya en nuestro cerebro, más rápido recordamos, resolvemos problemas, pensamos, reaccionamos con nuestro cuerpo (brazos, ojos, cabeza), coordinamos, hablamos y muchísimas cosas más.

¿Y qué tiene que ver eso con la vida cotidiana, los idiomas y la comida? Bueno, pues es muy sencillo. Hay varias formas de favorecer el desarrollo de dendritas: leer, aprender matemáticas, hablar un segundo idioma, hacer crucigramas o juegos mentales, hacer debates, resolver problemas reales o hipotéticos, aprender trabalenguas, tocar un instrumento, etc. Pero también, en nuestro día a día, hacemos cosas que pueden ayudar a que nuestro cerebro se mantenga sano y ejercitado. Además, muchas de estas cosas podrían llegar a ser muy divertidas y se pueden hacer en familia y con amigos, por ejemplo: lavarte lo dientes con la mano no dominante, por una semana. Comer con la mano izquierda, las tres comidas, por un mes. Caminar hacia atrás de tu habitación al baño. Escribir tu nombre con los ojos cerrados. ¿Se te ocurren más retos? Estas actividades van a tener un impacto muy favorable en tu cerebro. Al principio lo encontrarás difícil y probablemente te sientas un poco torpe. Sin embargo, estás dando un gran paso hacia el beneficio a tu desarrollo neuronal.

La alimentación también es importante. Los nutrientes que des a tu cerebro son pieza clave en la plasticidad cerebral. Trata de evitar exceso de bebidas azucaradas, ya que éstas hacen que tengas energía momentánea pero no a largo plazo ni nutritiva. Sé que los hábitos alimenticios son muy difíciles de cambiar, pero de vez en cuando le harías muy bien a tu salud, a tu cuerpo y a tu cerebro. Come muchas verduras verdes: espinacas, apio, pepino, brócoli, lechuga. Y trata de comer menos pan. ¡Uy, qué difícil! ¿verdad? Sé que este es un gran reto. Puedes empezar por cambios pequeños. Un día, una semana, un mes. Los beneficios son excelentes. ¿Darías a un árbol de comer arena de mar? El árbol para crecer necesita que la tierra tenga muchos nutrientes, y no sólo tierra.

Mi último consejo es: duerme bien. El descanso es necesario para la regeneración celular y la recuperación de energía. Tu cerebro requiere mucha energía.

La gimnasia cerebral te va a ayudar mucho en tu aprendizaje y en tus estudios. Además, descubrirás nuevas formas de hacer muchas cosas. Reta a tu cuerpo y a tu cerebro a hacer cosas nuevas y diferentes. Y recuerda que, aprender es el ejercicio del cerebro.

Mtra. Alejandra Vázquez Velasco
Formador de Inglés C,

Escuela Normal Pablo Livas